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Nissan y la transición ecosocial

Primero de todo, que haya personas que pierdan su lugar de Trabajo, no es nunca una buena notícia. Desde Extinction Rebellion Barcelona queremos mostrar en este momento toda nuestra solidaridad con las personas trabajadoras de Nissan y con su lucha. Esperamos que los colectivos y administraciones lleguen a una solución que beneficie a la gente afectada por la situación y que ponga el bienestar colectivo y la protección medioambiental por encima de los beneficios del conglomerado empresarial.


Este anuncio de cierre de la fábrica de Nissan en Barcelona ha hecho surgir un debate absolutamente imprescindible en el contexto de crisis ecosocial en que nos encontramos, cada vez más evidente ante nuestros ojos: el debate sobre cómo debe ser la transición (o la revolución) hacia un sistema sostenible y justo al mismo tiempo, especialmente en cuanto al ámbito laboral. Dicho de otro modo, nos preguntamos cómo podemos hacer compatible llegar a fin de mes con no llegar al fin del mundo.
En XR Barcelona no queremos rehuir este debate porque queremos que nuestro discurso y nuestras prácticas sean claras, coherentes y empáticas, siempre buscando al mismo tiempo la justicia social y climática. Y creemos que la mejor manera de enfocar este debate desde XR es desde nuestras 3 demandas:


1) Que se diga la VERDAD sobre la emergencia climática y ecológica


Es el primer paso absolutamente imprescindible, porque si el diagnóstico no es correcto, las soluciones propuestas tampoco lo serán. La información que se da en la sociedad debe basarse en la ciencia disponible, sin intereses económicos detrás.


La comunidad científica nos viene alertando desde hace décadas del desastre climático y ecológico al que nos estamos dirigiendo. Ya estamos traspasando los límites biofísicos del planeta, a pesar de los reiterados avisos desde principios de los años 70.


El famoso informe The Limits to Growth predijo en 1972 que, si se continuaba con el incremento de la población, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales, se llegaría al colapso alrededor de mediados del siglo XXI. Y los años le han ido dando la razón. A finales del 2019 se publicó en la revista Nature que estamos a punto de superar 9 de los 15 puntos de inflexión de la crisis climática. Otro estudio publicado este mismo 2020 en la misma revista calcula que el colapso de los ecosistemas comenzará a partir de 2030 si no se reducen de forma radical las emisiones de gases de efecto invernadero, es decir, el uso de combustibles fósiles. Más recientemente, un informe del Comité del Cambio Climático que asesora al gobierno de Gran Bretaña recomienda que se prepare para una posible subida de temperatura de unos 4 grados (el objetivo del Acuerdo de París de 2015 es no superar los 2 grados, manteniendo los esfuerzos para no superar 1’5 grados de incremento sobre la época preindustrial).


Las conclusiones de los diferentes informes son realmente escalofriantes si se leen con atención. Incluso las del IPCC, que son los más reconocidos pero que son muy conservadores y que suelen quedarse cortos y deben ser corregidos con el paso del tiempo (el blog Usted no se lo cree explica muy bien por qué). En lo que todos están de acuerdo es en que esta próxima década será crucial. Por eso hablamos de emergencia climática.


Resumiendo la infinidad de informes y estudios científicos disponibles podemos decir que tenemos varias grandes amenazas a corto plazo para nuestra supervivencia. Podríamos destacar estas cuatro: 1) calentamiento global; 2) pérdida de biodiversidad; 3) escasez prevista de energía disponible y de determinados recursos; y 4) pandemias. Todas derivan de una explotación excesiva de la naturaleza y además se retroalimentan entre ellas.


La diferencia entre actuar correctamente ahora o no hacerlo conllevará que el planeta se vuelva inhabitable para la mayoría de especies, incluida la humana. El IPCC plantea que el incremento de 1,5 ºC se puede lograr tan pronto como en 2030 (la Organización Meteorológica Mundial y el Met Office británico ya plantean 2024). La diferencia entre una subida de 2 ºC o de 4 ºC son unos cuantos miles de millones de muertos y el colapso total de esta civilización.


2) QUE SE ACTUE YA para conseguir emisiones netas 0


Una vez hecho el diagnóstico, las soluciones principales parecen evidentes: dejar de quemar combustibles fósiles de la forma más inmediata posible y reducir el uso de energía y materiales. Ya es hora de que dejemos de creer en cuentos de hadas tecnológicos y asumamos de una vez que todo tiene límites.

A partir de aquí, por ejemplo, intentar cambiar todos los coches de combustión por coches eléctricos, es una solución errónea además de inviable. Hay que cambiar radicalmente la movilidad, favoreciendo los medios más sostenibles, como el transporte público, la bicicleta o el coche compartido eléctrico. Esto implica, al igual que con el resto de sectores de la economía, destinar el dinero público a hacer o favorecer esta profunda reconversión. Lo que no se debe hacer es querer que todo siga igual, e ir reaccionando tarde y mal, a remolque de los diferentes eventos que se vayan sucediendo (cierres de empresas, eventos climáticos extremos etc …)


Hacer declaraciones de emergencia climática y al mismo tiempo continuar con políticas que agravan el problema también es negacionismo. Debemos allanar la curva de concentración de gases de efecto invernadero, que sigue absolutamente imparable, y luego reducirla para devolverla a niveles de seguridad.


En este punto, los países «ricos» tienen que hacer un esfuerzo mayor, dado que su contribución histórica y actual al problema es muy superior. La clave no es que seamos muchas personas, sino que países como Luxemburgo o Estados Unidos (o la mayoría de países petroleros del Golfo Pérsico) viven como si tuviéramos unos 5 planetas o más, dependiendo del caso, mientras otros como Ecuador, India o Cabo Verde sí están dentro de los límites del planeta (huella ecológica de España, unos 2’3 planetas). Y también es importante subrayar que esta desigualdad entre países se reproduce dentro de cada país según el nivel económico de cada sector social.


Reducir las emisiones bruscamente requiere mucha acción e implica también muchos puestos de trabajo en instalaciones de renovables, en infraestructuras sostenibles, en rehabilitación de edificios, en reforzar servicios públicos, en el sector primario, en cuidados … Debemos relocalizar la economía, tenemos que potenciar los sectores intensivos en mano de obra, tenemos que reducir y redistribuir horas de trabajo y de cuidados, debemos asegurar servicios básicos e ingresos mínimos, y tenemos que reducir la desigualdad y los privilegios.


La política debe ser la de proteger y ofrecer salidas a las personas trabajadoras, no la de proteger los puestos de trabajo concretos. La lista de posibles medidas en la buena dirección está muy estudiada y detallada desde hace tiempo. Sabemos que todo ello no es fácil, pero lo que hace falta es voluntad y capacidad política, prever los problemas y las alternativas, e ir por delante de los acontecimientos.


3. Que se creen mecanismos para tener una DEMOCRACIA REAL


¿Por qué los gobiernos no hacen las políticas necesarias y las cumbres climáticas son una sucesión de fracasos o de compromisos insuficientes desde hace casi 3 décadas? Las razones son varias:


– Las grandes élites económicas no quieren perder privilegios ni parte de sus fortunas. Por ello bloquean muchas de las medidas necesarias. Los lobbies de los combustibles fósiles son la muestra más clara pero no la única de ello. La mayoría de esta élite global sabe perfectamente desde hace tiempo el desastre que tenemos delante pero piensan que ellos se podrán salvar. O sea, estamos dominados por sociópatas.


– Una economía dirigida por los mercados, o sea por las bolsas, adicta al crecimiento económico y donde el único criterio es el beneficio a corto plazo (los dividendos), no permite hacer los cambios radicales necesarios, que en muchos casos implicarán pérdidas de beneficios para muchas compañías.


– La creciente desigualdad y la acumulación de cada vez más poder económico por parte de algunas pocas compañías transnacionales hace que estas sean en muchos casos más poderosas que la mayoría de estados. Para poder limitar y contrarrestar este poder económico global haría falta unión y unos acuerdos amplísimos dentro de la comunidad internacional de estados. Esto no se produce y la presencia de algunos líderes actuales, claramente al servicio de estas élites (Trump y Bolsonaro como ejemplos extremos), cada vez lo hace más difícil. Las élites económicas favorecen la competencia y no la cooperación entre países, más necesaria que nunca dado que la emergencia climática es un problema global.


– Los economistas (convencionales) se han desvinculado de las ciencias naturales, de las leyes de la física, y continúan con recetas absolutamente caducas y suicidas. Como dijo el economista Kenneth Boulding, «quien cree que el crecimiento económico puede seguir para siempre en un mundo finito, es un loco o un economista». La crisis de 2008 hizo evidente su fracaso generalizado pero allí siguen con los mismos postulados neoliberales, al servicio también de las élites.


Ante todo este panorama tenemos dos roles que nos empoderan: por un lado el de consumidoras críticas y conscientes, del otro el de ciudadanía activa. Primero debemos dejar de dar nuestro dinero a las grandes compañías multinacionales que bloquean cambios, que explotan a las trabajadoras, que destruyen la naturaleza y que además no pagan casi impuestos. En cambio, los beneficios sociales, ambientales y políticos de la producción local y de proximidad son clarísimos. Segundo, debemos regenerar esta democracia secuestrada y comprada, que no es capaz de tomar las medidas necesarias.


En este sentido, XR hace una propuesta, de entre las diferentes opciones de participación directa, que es la constitución de asambleas ciudadanas. Este mecanismo serviría para aprobar las medidas que la clase política no se atreve a tomar, pero que la sociedad ya está preparada a asumir. Estas asambleas serían escogidas por sorteo representativo, estarían asesoradas sobre todo por personas y organizaciones expertas e independientes, y propondrían y supervisarían las medidas. Creemos que es la mejor manera de asegurar una transición justa.


CONCLUSION

Tenemos la capacidad de poner en marcha una transición ecológica socialmente justa. Sin embargo, mientras los estados sigan centrando su atención en proteger los intereses privados de grandes empresas, esta transición no será justa en absoluto. Si perdemos la lucha climática, las perdemos todas. Pero los discursos de respuestas falsas, fáciles y erróneas a problemas complejos no son nuestro estilo, más que nada porque la naturaleza no negocia.

Sabemos que la lucha climática y la social van de la mano y por ello manifestamos toda nuestra solidaridad con las víctimas del capitalismo global. Debemos conseguir transformar el miedo en rabia y rebelión contra un sistema que nos encadena a un camino suicida. La tecnología sola ni nos ha salvado ni nos salvará, necesitamos una revolución cultural y la necesitamos porque el tiempo se agota.

¡Cambiemos el sistema, no el clima!

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