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Adhesión al Plan de Choque Social

Ya podemos decir, sin temor a equivocarnos, que la crisis sanitaria que vivimos desde hace más de dos semanas está afectando nuestra sociedad a todos los niveles. La estrategia que se ha adoptado para evitar muertes y el colapso del sistema sanitario ha sido el confinamiento de todas las ciudadanas en casa. Esto también ha supuesto la suspensión de todas las acciones programadas de los movimientos por el clima, y ​​la limitación de cualquier acción de protesta en las calles.

Mientras la flora y la fauna de la ciudad toman las calles en nuestra ausencia, y se respira el aire más limpio de este siglo, también vemos como la crisis económica y social desencadenada por el COVID-19 pone de manifiesto los fallos de un sistema que no garantiza el bienestar de las personas ni la vida en el planeta, sino que agrava las desigualdades sociales, la precariedad y está provocando una extinción masiva de especies. La crisis sanitaria y las consecuencias económicas del confinamiento ya están afectando de manera más pronunciada los barrios más pobres y los colectivos más vulnerables: despidos, vacaciones forzosas, suspensiones de sueldos; dificultades para pagar el alquiler, el gas, el agua o la electricidad; y saturación de los servicios públicos después de años de recortes por parte de unos gobernantes supeditados a los grandes intereses, son algunos ejemplos.

Tras la traumática experiencia vivida con la crisis de 2008, la sociedad civil se ha organizado esta vez rápidamente para exigir al gobierno unas medidas que esta vez protejan a los colectivos más vulnerables y pongan la vida en el centro. Así nació hace unos días el Plan de Choque Social, que se estructura en varios ejes: el reforzamiento del sistema sanitario público, la defensa del derecho a la vivienda, la defensa del trabajo y las condiciones laborales, una renta básica para los colectores lectivos más afectados, la intervención de los recursos privados al servicio del interés general, el mantenimiento de las medidas de prevención, y detección de la violencia machista, y el cierre de los CIES, entre otros.

Rebelión o Extinción se adhiere al Plan de Choque Social, ya que si bien es verdad que hemos escuchado en la ciencia para afrontar la emergencia sanitaria, la actuación de nuestros gobiernos no puede ser la de seguir con la preservación de los beneficios de unos pocos. El colapso de nuestras estructuras sociales es, en gran parte, fruto de la irresponsabilidad de fiar todo al crecimiento desenfrenado que ha saqueado los ecosistemas, y a un sistema neoliberal que ha privatizado los servicios públicos y destruido los bienes comunes.

Además, rechazamos la militarización del discurso sobre la crisis del coronavirus porque entorpece la comprensión de las causas reales de la misma. Se nos presenta la situación como una guerra, una batalla más contra un nuevo enemigo que debemos vencer a toda costa. Cualquier sacrificio es pequeño para garantizar que el sistema no se derrumbe. Sin embargo, es el propio sistema económico el que nos ha llevado a esta crisis del coronavirus. Hay evidencias de que la destrucción de ecosistemas y la tala de bosques causada por la comercialización masiva de materias primas, la urbanización, y la expansión del sistema agroindustrial, han propiciado el contagio del COVID-19 a los humanos.

Por lo tanto, hay que actuar, sí, pero no para ganar «la guerra» al COVID-19, sino para reconstruir y regenerar nuestras sociedades; para idear un sistema más sostenible a todos los niveles, y para empezar a aprender cómo decrecer.

Ya no es viable volver a la normalidad. Cuando se acabe el confinamiento no queremos que las cosas vuelvan a ser como antes; queremos idear el después. Nuestra propuesta es definitiva: poner la vida en el centro. Si no lo hacen los gobiernos, nos aseguraremos nosotras de hacerlo: resiliencia es también auto-organización.

Amor y furia,

Rebel·lió o Extinció Barcelona

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